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Todo | Se rompió el gafe |
| Escrito por valen | |
| lunes, 23 de junio de 2008 | |
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Es el fútbol (y por extensión algunos otros deportes) un invento curioso. Visto objetivamente es insultante en cuanto a su simpleza y su propósito: 22 seres humanos corriendo por un campo de juego delimitado intentando que una pequeña esfera atraviese un arco formado por dos palos y un travesaño. Para los aficionados, lo cierto es que un partido tampoco da ningún beneficio monetario. Los jugadores cobran una pasta, como los entrenadores, los presidentes, representantes y demás, pero los aficionados nada. Ni un duro. Ni un euro. Pero pasa que despúes, en ciertos momentos donde todo se junta y se conjura, el fútbol da algo que muy pocas cosas pueden dar en esta vida: la alegría pura, subjetiva, fuera de toda razón. Un subidón adrenalínico que surge desde lo más profundo de nuestro ser y se salta el filtro de la consciencia para apretar en lo más puro, en la esencia animal que todos tenemos dentro. Ayer, cuando el pobre Cesc se dirigía pálido como un fantasma hacia el punto de penalti todos sufriamos su angustia. De una punta a otra del mapa, aunque no nos fuese nada en ello, aunque al día siguiente tuviesemos que volver al trabajo o al estudio, todos aguantamos la respiración cuando empezó su carrera hacia el balón. Y cuando este entró en la portería sólo hubo gritos de júbilo, sólo hubo alegría y risas nerviosas. Por fin. Al fin. Seguimos adelante. |