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Geocaching: en busca del tesoro
Con la llegada del sol y el buen tiempo (en algún lugar remoto, en Brigantio aun seguimos esperando), apetece desperezarse un poco y salir a respirar una bocanada de aire puro. La naturaleza en todo su esplendor aguarda al visitante, que ya sea a pie o en bici, desea inundar sus fosas nasales de polen y sus brazos de picaduras de insectos.
El problema llega entonces a la hora de escoger el destino. ¿Hacia donde tirar? ¿Qué rumbo escoger? Una solución sería buscar en guías, preguntar a amigos, rastrear por internet. La otra simplemente necesita de un GPS y una palabra: Geocaching. Sigue tras el Leer mas...
¿De qué va el Geocaching?
La filosofía del geocaching es muy sencilla, a pesar de apoyarse en algo relativamente moderno como puede ser un receptor GPS. En esencia se trata de una "búsqueda del tesoro" como en las historias más antiguas de piratas, sólo que cambiando la típica X en el mapa por unas coordenadas geográficas.
La idea es que alguien, conociendo algún sitio digno de ver o descubriéndolo en medio de un paseo, deja en dicho lugar un pequeño recipiente que en el argót del geocaching se conoce como "caché". Este recipiente puede contener en su interior cualquier cosa que se desee, aunque en principio no es deseable meter comida por si acaso a algún animal le da por "investigar". Por lo demás cualquier objeto puede introducirse en el caché, desde figuras, recuerdos, dinero... y en especial un libro de visitas.
En principio todo caché debe contener su libro de visitas, de forma que posteriormente, cuando alguien lo localice, pueda dejar anotada su hazaña en el mismo. Hay que decir que cuando alguien encuentra uno de estos tesoros puede llevarse lo que quiera del mismo, aunque con sólo una condición: dejar a su vez un nuevo objeto dentro del caché.
Una vez que el recipiente esta cerrado y bien cerrado (para evitar en lo posible que le entre agua), este debe esconderse en algún lugar de la zona que se desea enseñar y a continuación anotar sus coordenadas. Estas son las que harán posible su búsqueda posteriormente por los demas "geocachers", que a través de páginas como http://www.geocaching-hispano.com o http://www.geocaching.com podrán leer dichas coordenadas y lanzarse en pos del tesoro oculto.
¿Qué necesito?
Lo indispensable es un receptor GPS. Ya sea uno preparado especialmente para ejercer de guía o uno conectado con un teléfono móvil que desempeñe el mismo papel, se necesita uno de estos aparatos para poder introducir las coordenadas del tesoro y salir en su búsqueda. También es recomendable disponer de un mapa de la zona, sobre todo para poder ver sobre el terreno que ruta seguir.
Y es que las coordenadas de un punto en el mapa no indican más que eso, un lugar, pero no dicen nada de como llegar hasta él. Es decir, que uno puede encontrarse con que el lugar donde está oculto el tesoro está a sólo 30 metros de distancia, pero hay un rio en medio que impide el paso. O que está a sólo cincuenta... al otro lado de un barranco.
Es por eso que el Geocaching da un "plus" aventurero a la típica ruta de senderismo, que de esta forma pasa de ser un simple paseo o escalada a todo un juego en el que por supuesto puede participar gente de cualquier edad. Además, aunque el tesoro es el objetivo, el verdadero premio de estas expediciones suele ser el camino, los paisajes, y en general el encanto de un lugar que alguien en algún momento decidió compartir con los demás plantando un caché.
¿En Betanzos hay algún tesoro cerca?
Aunque parece que la afición por el geocaching no es muy elevada en la capital de las Mariñas, sí que hay algunos tesoros cerca de Betanzos. En Espenuca y alrededores hay un par de ellos, y también cerca del Pedrido (o medianamente cerca). Existe otro cerca de Maial (en Oza) y ya un poco más lejos en Cesuras o en Esperela.
Con un poco de suerte esperemos que la gente de Brigantio se anime a hacer alguna pequeña expedición, y poco a poco aumentar el número de tesoros ocultos en nuestra zona, repleta como está de sitios que merece la pena buscar y encontrar. Y que así en el futuro más gente pueda sentirse como el mismísimo Long John Silver tras su tesoro. Arr!
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