Ya van más de dos años, aunque parece que fue ayer, desde que el gobierno de Betanzos cambió de signo y de caras. Tras turbias negociaciones, «chantajes», reuniones secretas y demás parafernalia detectivesca, el PP dominado con mano firme por la gran Mari Faraldo obtuvo el poder de la villa brigantina.
Sin embargo era tan sólo el principio. Tras un año de despropósitos, CxB rompÃa el pacto que hasta ese momento permitÃa gobernar al PP y creaba una nueva alianza con ellos en la que los propios ceporbenses entraban a formar parte del gobierno.
Y ese serÃa el principio de su fin.
Un poco de historia
CxB habÃa nacido meses antes con una gran mentalidad, un proyecto ilusionante y sobre todo un afán de «limpieza» y claridad que conectó con muchos betanceiros, hartos de años de inmovilismo en el ayuntamiento, de amiguismos, de enchufismos que durante décadas habÃan ido transformado una ciudad de gran potencial en poco más que una sombra de si misma.
Muchos años de Lagares y su séquito que pesaban como una losa sobre el pueblo-ciudad brigantino, dividido entre los que querÃan que todo siguiese igual para poder mantener su chiringuito y los que, buscando el cambio, no veÃan forma de conseguirlo en las dos alternativas existentes: un BNG demasiado elitista compañero de Lagares y un PP con aspecto de no tener más proyecto de gobierno que el «anti» cualquier cosa.
Asà pues, con la llega de CxB se habrÃa la cuarta vÃa, la alternativa real para desbloquear un ayuntamiento enrocado durante decenios. Y por supuesto, en las elecciones CxB se llevó el gato al agua.
Tres concejales para un partido novato, más que un partido como el BNG con todo un aparato propagandÃstico y de medios mucho mayor, y cerca de las grandes potencias «come cabezas» a nivel nacional, se convirtieron en un resultado inesperado y al mismo tiempo perfecto para los que reclamábamos un cambio.
Y pronto su condición para pactar de limitar el número de mandatos a dos hizo que en el PSOE se echasen a temblar. ¿PondrÃan los socialistas los intereses de su partido y de sus votantes por encima del nombre de una persona concreta? ¿SerÃa el PSOE algo más que su lider espiritual? Por supuesto, la respuesta fue no. Los socialistas brigantinos renunciaron a gobernar para no sacrificar a su jefe de filas, dejando de esta forma que su archienemiga Mari Faraldo pudiese dar rienda suelta a sus ansias de poder y, después de haber ninguneado a los ceporbetas durante dÃas, pactar con ellos un acuerdo por el cual el PP ocuparÃa el gobierno municipal.
Era el fin de una era, el ocaso de una época. Las nubes negras dejaban paso a la luz, el sol brillante se habrÃa paso entre las tinieblas. El cambio ya estaba hecho. Lagares estaba fuera, se suponÃa que su partido aprovecharÃa (aunque el tiempo demostró que era mucho suponer) para hacer limpieza, renovarse y dar una nueva alternativa a los ciudadanos. El PP tenia una oportunidad de demostrar si valÃa para gobernar o tan sólo valÃa para meter cizalla en los plenos, y el BNG, tras el varapalo, también tenÃa una ocasión para aprender de sus errores y mejorar.
Y CxB estaba en la cumbre. Mandaba sin mandar, cumplÃa lo que habÃa prometido, eran tiempos felices. Pero entonces llegó el gran error. O el primero de ellos.
El inicio del fin
Tras un año de desgobierno popular, como era de esperar, las cosas en Betanzos eran distintas pero iguales. Algunos cambios en la forma, pero muy pocos en el fondo. Muchas palabras vacÃas y gestos hacia la galerÃa que, si bien tampoco molestaban, en realidad no aportaban más que vergüenza ajena al que los observaba.
Y aquà fue donde CxB se lanzó a la piscina. En una decisión nefasta, los independientes decidieron incorporarse al gobierno municipal para intentar dar un golpe de timón «desde dentro». Ya en su momento, cuando esto se hizo público, desde está misma página vimos como aquello podÃa ser el principio del fin de CxB. Y es probable que el tiempo nos acabe dando la razón.
Un excesivo protagonismo de Javier de la Fuente, al menos sobre el papel, transformó rápidamente la imagen de «partido por el pueblo» en una más habitual de «partido por el poder». Aunque posiblemente con buena intención en sus decisiones, la escasa preparación técnica de sus concejales pronto fue puesta en evidencia en asuntos que requerÃan una mayor dosis de conocimientos, dando lugar a esperpentos como la denuncia (mas tarde archivada) contra el Secretario municipal.
Precisamente a causa de este asunto, CxB recibió lo que hasta el momento es quizás su golpe más duro: el abandono de algunos de sus componentes, incluido el que hasta ese momento era uno de sus mayores baluartes: Mariño. El ansia de algunos «dirigentes» de CxB por erigirse en lÃderes de la agrupación provocó que incluso las reuniones que hasta entonces habÃan sido democráticas, con cada militante expresando su opinión, se transformasen en reuniones «informativas» donde las decisiones ya habÃan sido tomadas con anterioridad por un subconjunto de cabezas pensantes. Obviamente, tras esto nada podÃa ser igual.
Y asÃ, llegamos a la actualidad. CxB ahora mismo es un partido errático, de apariencia cansada y abatida. Ya no hay alegrÃa, camaraderÃa, altruismo. En la casa ceporbeta ya tan sólo queda ponzoña, problemas, disputas y unos objetivos imprecisos que parecen no ir más allá de la pura supervivencia. En las próximas elecciones, si se presenta, es probable que sufra un retroceso considerable. Perderá la posición de privilegio que los ciudadanos le proporcionaron hace dos años y medio, hasta quedar como mera comparsa de los de siempre.
Fue bonito mientras duró, que dirÃa aquel, pero desde luego a muchos nos queda el sabor amargo de lo que podÃa haber llegado a ser con otro enfoque. Un partido independiente, sin recibir ordenes de Madrid o de Santiago, cercano a las necesidades de los betanceiros, sin enchufismos, sin amiguismos, con un ayuntamiento de puertas abiertas con todos los informes y las cuentas publicados, sin tachones, sin rincones oscuros ni dobleces. Un partido sin ideologÃa más allá de la mera gestión eficiente de unos recursos y la mejora en la vida diaria de la gente, un partido positivo, un partido con buenas ideas y capacidad de debatirlas y después llevarlas a cabo. En resumen, todo lo que CxB podÃa haber sido. Y no fue.
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